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martes, 6 de enero de 2015

LA PERSPECTIVA BÍBLICA DE LA IMAGEN PROPIA por Gary E. Gilley



La realidad es que el movimiento de la imagen propia no es ni Bíblico ni científico. Es una moda pasajera que eventualmente pasará después de hacer un daño increíble en nuestra sociedad y desafortunadamente en muchas iglesias. Por la gracia de Dios y la verdad de Su Palabra, los creyentes necesitan no dejarse engañar por las mentiras de Satanás. ¡Podemos elegir vivir de acuerdo con la infalible e inmutable Palabra de Dios!



Pocos estarían en desacuerdo con la siguiente declaración: Cómo piensan las personas de sí mismas en alto grado determinará el cómo pensarán acerca de otros, cómo pensarán acerca de Dios, cómo obtendrán y mantendrán todas sus relaciones, y cómo tomarán decisiones. No hay un área de la vida que no sea directa o indirectamente afectada por la forma en que nos veamos a nosotros mismos. Sin embargo, hay dos puntos de vista vastamente diferentes en el asunto de la imagen propia:

La Perspectiva Anti-bíblica de la Imagen Propia, La Autoestima, y La Valía Personal

La enseñanza básica en la psicología popular de hoy es que las personas en general tienen una baja autoestima, baja imagen propia, bajo ego, etc. No piensan que son muy buenas, no se aman a si mismos, no se aceptan en la forma que son, les falta confianza en sí mismos, etc. Las personas se comportan pobremente porque se miran de esta manera. Si las personas pudiesen mejorar su imagen propia, entonces se sentirían mejor acerca de ellos mismos y actuarían mejor en la vida. Todo el mundo, claro está, tiene una imagen propia mala, hay sin embargo, varios grados. También, puesto que las personas no quieren que los otros sepan qué tan mal se perciben, tienden a esconder su pobre imagen propia con métodos diferentes: Una cierta cantidad de timidez – a fin de que las personas no perciban qué tan malas realmente son. Otros pueden presumir intentando probar que ellos están realmente bien.

Para obtener una percepción de lo que realmente está siendo enseñado, veamos lo que algunos de los proponentes de la imagen propia de hoy , tanto en círculos seculares como en cristianos, están diciendo:

“Si pudiese escribir una receta para las mujeres del mundo, proveería a cada uno de ellas una sana dosis de autoestima y de valor personal… No tengo duda de que ésta es su máxima necesidad (James Dobson,What Wives Wish Their Husbands Knew About Women, p35).

“Sentirse bien acerca de nosotros mismos de hecho, puede ser la piedra angular de todo nuestro bienestar” (Barnett, Baruch and Rivers, “The Secret of Self Esteem,” The Ladies Home Journal, Feb. 1984, p54).

“Las madres que eligen abortar lo hacen por una muy pequeña autoestima, no por demasiada autoestima” (Philip A. Captain, Eight Stages of Christian Growth).

“La falta de autoestima realmente puede extinguir el deseo de seguir viviendo (James Dobson, High or Seek, p80).

“Una vez que una persona cree que él es un ‘pecador indigno’ es dudoso que él pueda honestamente aceptar la gracia salvadora que Dios ofrece en Cristo” (Robert Schuller, Self-Steem, p98).

“La depresión siempre tiene una pérdida de autoestima en primer plano….Sea cuidadoso en dirigir a una persona deprimida a la Sagrada Escritura…. Sin predicación. Yo recomendaría un receso de la iglesia si hay predicación en la iglesia” (Jeff Boer, “Is Self-Esteem Proper for a Christian?” The Journal of Pastoral Practice, Vol 5, #4, p78).

“Bajo la influencia de los psicólogos humanistas como Carl Rogers y Abraham Maslow, muchos de nosotros los cristianos hemos comenzado a ver nuestra necesitad de autoamor y autoestima” (Bruce Narramore, You’re Someone Special, p22).

“El autoestima es el prerrequisito y el criterio para nuestra conducta hacia nuestro prójimo… Sin autoestima no puede haber amor hacia los demás…Usted no puede amar a su prójimo, usted no puede amar a Dios a menos que usted primero se ame a sí mismo” (Walter Trobishch, Love Yourself, p11).

“Realmente, nuestra capacidad para amar a Dios y amar a nuestro prójimo es limitada por nuestra capacidad de amarnos a nosotros mismo. No podemos amar más a Dios de lo que amemos a nuestro prójimo y nosotros no podemos amar más a nuestro prójimo de lo que nos amamos a nosotros mismos”(Captain, Eight Stages of Christian Growth, p157).

“Una baja autoestima puede conducir a la depresión y a otras enfermedades emocionales y físicas, abuso de sustancias, promiscuidad sexual, e incluso al suicidio” (Shirley Sherrif, Contact, Vol. II #1; Enero. 1991).

“Usted tiene que pensar que usted es alguien si quiere mantener una buena salud mental” (Arthur Rounder, You Can Learn To Like Yourself, p3).

“La autoestima o el orgullo existente en un ser humano es la única y máxima necesidad que enfrenta la raza humana el día de hoy” (Robert Schuller, Self-Steem, p19).

“Las personas tienen una necesidad personal básica que requiere dos clases de imputación para su satisfacción. La necesidad más básica es un sentido de valor personal, y la aceptación de uno mismo como una persona completa y verdadera” (Lawrence Crabb, Effective Biblical Counseling, p80).

Según los proponentes de la imagen propia: La promiscuidad sexual, el suicidio, el crimen, el aborto, la depresión, la pobre salud mental, el estrés, la infelicidad, la falta de éxito en la vida, la incapacidad para amar a Dios y aceptar Su regalo gratuito de la salvación, la incapacidad para amar a los demás, y la incapacidad de amarse así mismo, son todos resultados de una pobre imagen propia o una baja autoestima.

¿Cuál es la cura entonces para todos estos problemas? Según los defensores de la imagen propia, es construir una buena imagen propia (y un sentido fuerte de autoestima) en las vidas de todas las personas. Si lo que dicen es cierto, entonces nosotros como cristianos deberíamos dar un salto al partido triunfador de la imagen propia. De hecho, si las personas son incapaces de amar a Dios y a los demás por una pobre imagen propia, entonces construir una autoestima en nuestros niños, nuestros conyugues, nuestros amigos no salvos, en nosotros y en el mundo entero debería convertirse en una meta primaria de la iglesia.

La Perspectiva Bíblica de la Imagen propia, Autoestima, y la Valía Personal

El poder de la mente humana para engañarse parece infinito. Necesitamos orar el Salmo 139:23,24 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.” ¡a menudo! Un estudio de doscientos criminales reveló que ninguno de esos criminales creía que fuera malo. Cada criminal pensaba acerca de sí mismo que era básicamente una buena persona incluso en el momento en que planeaban un crimen (El Washington Star, agosto. 15, 1976).

Una de las metas principales de la Biblia es corregir la perspectiva elevada del hombre acerca de sí mismo; no obstante, ahora es interpretado por líderes cristianos para probar justo lo contrario. ¿Cómo pueden las criaturas a quienes constantemente se les dice (en la Palabra de Dios) que tienen un demasiado alto concepto de sí mismos, ser convencidos de que su problema está de hecho en su baja autoestima? Dejados a nuestras observaciones y nuestras imaginaciones tal cosa es posible (Jer. 17:9: “Engañoso es el corazón, más que todas las cosas…”), Pero la Biblia no alimenta nuestro engaño, sino que trata de corregirlo.

C.S. Lewis, escribiendo antes de que la moda pasajera de la autoestima despegara, hizo esta interesante observación, “el niño que es palmeado al dorso por hacer una lección bien, la mujer cuya belleza es alabada por su amante, el alma salvada de quien Cristo dice, ‘bien hecho,’ está agradecida y debería. Pues aquí el placer recae no en lo que usted es sino en el hecho de que usted ha complacido a alguien a quien usted quería (y correctamente quiso) complacer. El problema comienza cuando usted pasa de pensar, ‘le he complacido; todo está bien,’ a pensar, ‘qué buena persona debo ser para haber hecho eso.’” Si Lewis escribiera tales palabras hoy, ¿serían bien recibidas? ¡Lo dudo!

¿Qué tienen que decir las Escrituras sobre como nos vemos a nosotros mismos?

Jesús enseñó la virtud de la humildad (Luc 18:14), y la importancia de la auto-negación, en vez del auto-amor (Mat. 16:24).

Las epístolas están fuertemente de acuerdo con las palabras de Jesús (cp. 1 Tim. 1:15; Rom. 7:24; 12:3; y Filip. 2:3-8). De hecho, en ninguna parte de la Biblia nos advierte sobre no pensar menos de nosotros mismos de lo que deberíamos. Pero, debería haber muchas Sagradas Escrituras si nuestro problema fuera la falta de autoestima. Hay, sin embargo, cinco hojas y media en la Biblia de Tópicos Nave acerca del orgullo, incluyendo a Prov. 16:5,18 y 19. Además, hay tres páginas sobre la autonegación. No hay referencias a la imagen propia o a cualquier palabra que pretenda decir algo semejante. Sólo 2 Tim. 3:2 hace aparecer el concepto del autoamor, y es un vicio (ver abajo). Claramente, la Biblia no presenta la autoestima como el problema del hombre. De hecho, lo opuesto a la autoestima, el orgullo, es ciertamente indicado como un problema.

En el Nuevo Testamento, ni Juan el Bautista (Luc. 3:16) ni el hijo Pródigo (Luc. 15:21) fueron corregidos cuando se declararon a sí mimos como indignos. Pero Norman Wright dice, “el merecimiento es un sentimiento de ‘yo soy bueno.’”Si esto es cierto, entonces ¿que haremos con la declaración de Jesús,: ‘no hay ninguno bueno sino solo Dios.’?

Note los ejemplos del Antiguo Testamento sobre Gedeón (Jud. 6:15); Isaías (Isa. 6:5); Amos (Amos 7:14); Job (Job 42:6); y Moisés (Exod. 3:11; 4:10-13). Cada uno de estos hombres fue usado por Dios cuando reconocieron la grandeza del Señor y su propia insignificancia. 2 Cor. 12:9,10 también nos enseña que encontramos la fortaleza de Dios sólo cuando reconocemos nuestra debilidad.

2 Tim. 3:16,17 y 2 Pedro 1:3 explica que la Palabra de Dios es suficiente para equiparnos para ser personas piadosas, y que todo lo concerniente a la vida y a la piedad se encuentra en Su Palabra. Siendo este el caso, debemos hacer la pregunta: “¿por qué no hay mención alguna de la autoestima en toda la Escritura?”

La respuesta a esa pregunta seguramente recae en el hecho de que nuestra relación con Dios no se basa en nuestra rectitud o nuestro valor hacia El, sino en Su gracia (Tito 3:4-7). Más bien, somos pecadores que no podemos hacer nada para impresionar o agradar a Dios (Rom. 3:23; 5:6-8).

(Esta gráfica sin duda fue tomada prestada de una fuente, la cuál no puedo localizar. Mis disculpas para el autor.)

DIFERENCIAS CLAVE ENTRE LA IMAGEN PROPIA Y LA IMAGEN BÍBLICA:


DIOS EN SU PALABRA:

1.       Ame a Dios y a los demás (Mt. 22:37)
2.       Edifique a los demás (Heb. 10:24,25)
3.       Nadie es justo (Rom. 3:23)
4.       El Corazón es engañoso (Jer. 17:9)
5.       Ponga otros primero (Filip. 2:1-4)
6.       Sea Humilde (Rom. 12:3)
7.       Somos pecadores (Rom. 3:10,11)
8.       Camine en el Espíritu (Gal. 5:16)
9.       Niéguese a Sí Mismo (Mt. 16:24-26)
10.       Ponga su confianza en Dios (Fil. 4:13)

LOS DEFENSORES DE LA IMAGEN PROPIA DICEN:

1.       Ámese a usted mismo
2.       Edifique su autoestima
3.       Usted es bueno
4.       Crea en usted mismo
5.       Póngase usted primero
6.       Tenga Un Alto Concepto de sí mismo
7.       Usted es de gran valor
8.       Haga lo que usted quiera hacer
9.       Encuéntrese a sí mismo
10.       Tenga confianza en sí mismo

RESPUESTA A ALGUNOS ENGAÑOS
Nos debemos amar a nosotros mismos
Los defensores de la imagen propia afirman que la Sagrada Escritura nos ordena que nos amemos. El verso principal que usan para apoyar esta afirmación es Mateo 22:39b que dice, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Basado en una interpretación defectuosa de este pasaje muchos maestros – de la teoría de la imagen propia – ven esto como un mandato Bíblico evidente para que nosotros nos amemos a nosotros mismos. Sin embargo, en ninguna parte de este pasaje (Mat. 22:36-40) existe una orden del Señor para que nosotros nos amemos a nosotros mismos.

De hecho, no hay ningún lugar en las Escrituras dónde se nos diga que debemos amarnos a nosotros mismos. En lugar de eso, siempre se asume que ya nos amamos a nosotros mismos (Nota: “como a ti mismo” en el pasaje en estudio). No obstante, se nos dice que lo que Jesús quiso decir es que tenemos que aprender a amarnos a nosotros mismos primero, antes de que podamos amar a otros. En otras palabras, hay realmente tres mandatos dados aquí (aún cuando Jesús dijo que hay “dos”). Se nos ordena a amar a Dios y nuestro prójimo; luego, Jesús llega a una conclusión diciendo: “De estos dos mandamientos depende toda la Ley. . .” Si Jesús dice que hay dos mandamientos aquí ¡cómo es que nos atrevemos a afirmar que hay tres!

Efesios 5:28,29 es otro pasaje usado por los maestros de la filosofía de la imagen propia para promover la autoestima. Se nos dice que primero debemos aprender a amarnos nosotros mismos antes de que podamos amar a nuestro cónyuge, pero el pasaje claramente manifiesta que nunca ha existido una persona que no se ame a sí misma. Nuestro problema nunca ha sido la falta de autoestima, sino la mucha preocupación por el ego. Hay sin embargo una vez en las Escrituras donde la autoestima es mencionada: 2 Tim. 3:2. Allí encontramos el amor al ego en el primer lugar de una lista de pecados que caracterizarán a los postreros días. Es interesante notar, igualmente, que la palabra griega utilizada para el amor en este verso (phileo) habla de amor emocional a diferencia del amor abnegado (agapao) en otros pasajes. En otras palabras, el único verso en el Nuevo Testamento que habla de amarnos a nosotros mismos emocionalmente (sintiéndonos bien acerca de nosotros mismos, etc.) es una advertencia de que éste es un pecado que debemos evitar.

Somos dignos del Amor de Dios

William Kirwin en Biblical Concepts of Christian Christian Counseling (p107) dice: “Pareciera que Cristo hubiera dicho, ustedes son de tal valor para mí que voy a morir; aun experimentaré el infierno a fin de que ustedes puedan ser adoptados como mis hermanos y hermanas”. Donna Faster escribió: “Por supuesto que la demostración más grande del valor de una persona para Dios fue mostrada al darnos a Su Hijo” (Building a Child’s Self-Steem, p6). Incorrecto, el envío del Hijo de Dios no es una comprobación de nuestro valor, sino la máxima comprobación del amor, la gracia, la misericordia y la bondad de nuestro Dios. La verdad es que Dios no nos salva porque él vea alguna cosa de valor en nosotros, sino que a pesar de que no hay nada en nosotros digno de salvar (Rom. 5:6-10; Tito 3:4-7; Efes. 2:4-9). Tal declaración hiere nuestro orgullo, pero no obstante es cierto.

Los defensores de la autoestima destruyen el concepto de la gracia. La misma definición de gracia es que Dios nos da lo que no merecemos. Si somos dignos de Su salvación entonces la vida eterna no es un regalo de la gracia sino una recompensa basada en nuestro valor, o las buenas obras. Éste es un concepto completamente refutado en la Sagrada Escritura (Efes. 2:8,9). Para que una persona venga a Cristo, primero debe reconocer su necesidad de la salvación. Enseñarles que son dignos a los ojos de Dios es cometerles una injusticia terriblemente cruel y no bíblica. Entre más nos veamos bíblicamente a nosotros mismos, más precioso se vuelve el amor, la gracia y la misericordia de nuestro Dios. Si nos consideramos dignos de cualquiera de las bendiciones de Dios habremos groseramente abaratado Su regalo gratuito de amor y de gracia.

A Satanás Le gusta Cuando Tenemos una Mala Imagen de Nosotros Mismos

A los maestros de la imagen propia les gustaría que nosotros creyésemos que debemos tener una buena imagen propia o de lo contrario el diablo tendrá un punto de apoyo firme en nuestra vida. Creen que una pobre imagen propia nos impedirá reconocer nuestro valor para Dios y por consiguiente no aceptaremos Su regalo de salvación. En verdad a Satanás no le importa lo que pensamos acerca de nosotros mismos con tal de que estamos preocupados con el EGO. Si él puede mantenernos atrapados en nuestro ego él nos puede mantener sin estar ocupados en Dios y en los demás tal y como se nos instruye en las Escrituras (Fil. 2:3-8).

El problema del hombre siempre ha sido el orgullo. Desde el principio el hombre ha querido ser como Dios (Gen. 3:5). El diablo mismo, es el autor del orgullo pecaminoso (Isa. 14:13,14). Esta clase de actitud y opinión elevada de sí mismo no sólo echó fuera a Satanás del cielo y condenó al castigo eterno, sino también se convirtió en su herramienta favorita para abstenerse de confiar en Dios.

LA PERSPECTIVA BÍBLICA DEL EGO

Jay Adams en The Biblical View of Self-Steem, Self-Love and Self-Image dice: “mientras no hay una preocupación evidente en la Biblia acerca del tener muy poca autoestima, y por consiguiente ninguna instrucción para elevar la autoestima, Dios señala que él quiere que nosotros nos evaluemos – hasta donde sea posible hacerlo – correctamente” (p113). En Romanos 12:3 Pablo instruye a sus lectores sobre como evaluarse con respecto a los diferentes dones que Dios les ha dado. Al hacer esto, él provee el principio que deberíamos usar para evaluarnos a nosotros mismos con respecto a cada área de nuestras vidas. En ese pasaje, “un juicio sano” quiere decir (y demanda) que un juicio razonable, basado en la evidencia, sea hecho. Note que la advertencia de Pablo va en contra tener un concepto demasiado alto de nosotros mismos. Él no dice nada acerca de cuidarse de no pensar en bajo concepto de nosotros mismos, puesto que éste nunca es un problema discutido en la Sagrada Escritura.

Cuando nos evaluamos a nosotros mismos de acuerdo a un sano juicio ¿qué encontramos? ¡Como creyentes nos encontraremos con que Dios se ha acercado a nosotros completamente por gracia para salvar a pecadores indignos, haciéndonos verdaderamente hijos de Dios! Hemos sido hecho dignos por Dios (cp Apoc. 3:4), no porque lo merezcamos sino por el amor de Dios. También ahora conocemos, por las Escrituras, que Dios únicamente nos ha equipado para servir y ministrar para Él en este mundo y en Su iglesia. Nuestro valor no se basa en una comparación de nosotros mismos con los demás (de hecho eso está prohibido, 2 Cor. 10:12), sino en la posición que tenemos en Cristo y en los dones con los cuales él nos ha equipado para vivir para él.

Como cristianos, ¿se supone que debemos pensar mal acerca de nosotros mismos? ¡De ningún modo! La posición Bíblica es que debemos enfocar la atención en Dios y en los demás, no en nosotros mismos (Mat. 22:36-40; Fil. 2:3-8). Cualquier preocupación por el ego (ya sea en pensar demasiado elevado o demasiado bajo), es una respuesta no bíblica a la Palabra de Dios. La Sagrada Escritura comienza desde la posición de que ya nos amamos a nosotros mismos y nos ordena a amar a los demás de igual forma. De hecho, debemos anteponer los intereses de los demás al de los nuestros (Fil. 2:3,4).

INVESTIGACIÓN

La mayoría asumiría que como los segmentos seculares y cristianos de nuestra sociedad se han subido al tren de la imagen propia, aparentemente la investigación científica ha revelado que la baja autoestima se ha extendido y la necesidad de edificar una buena imagen propia es de suprema importancia. Tal no es el caso. De hecho, la mayoría de la investigación ha mostrado que tanto niños como adultos en nuestra sociedad realmente se estiman demasiado así mismos. Además, parece no haber correlación entre la imagen propia y el comportamiento. Lo siguiente son algunos de tales ejemplos:

* Las conclusiones del Consejo Universitario (a través de las encuestas tomadas de millones de estudiantes de la escuela secundaria que tomaron sus pruebas) se encontraron con que setenta por ciento se evaluaba así mismo por encima del promedio; dos por ciento por debajo del promedio. Sesenta por ciento de veían por encima del promedio en “habilidad atlética”; sólo seis por ciento dijeron que se veían así mismos por debajo del promedio. En “habilidad para llevarse bien con los demás” cero por ciento se evaluó por debajo del promedio; sesenta por ciento se evaluó a sí mismo en el diez por ciento superior y veinticinco se veía sí mismos en el uno por ciento superior (The Inflated Self, p.23,24).

* En un estudio, noventa y cuatro por ciento de los miembros de la facultad universitaria se creen mejor que su colega promedio (“A New Look At Pride” en You Better Self, p.90).

* En una publicación reciente de Phychological Review, hecha por la Asociación Psicológica Americana, un artículo fue escrito con el subtítulo: “El Lado Oscuro de la Elevada Auto-estima”. Los autores indicaron, después de estudiar numerosos estudios empíricos serios: “en nuestro punto de vista, los beneficios de una opinión propia favorable se incrementan primordialmente para el ego, y son, si algo, una carga y problema potencial para todos los demás”. (Registrado en Fortune, 29 de abril de 1996, pp. 211-212). Newsweek afirmó que aunque más de diez mil estudios científicos sobre la autoestima se han realizado, los expertos aun no pueden estar de acuerdo en lo que es (Newsweek, feb. 17, 1992, “Hey, I am Terrific,” pp. 48-51).

* Quizás el estudio más integral en su género fue el que se hizo por la California State Task Force sobre la Autoestima. U.S. News and World Report (2 de abril, 1990), dice con respecto a este estudio: “La era del Presidente Bush resultó en un tiempo perfecto para los programas sobre autoestima. Cuestan poco. Ofrecen la luz del optimismo expuesto al sol de California en un tiempo de gran pesimismo. Son simples – comprendidos fácilmente, extendidos fácilmente. Y en los sistemas de escuelas públicas rotos por grupos de presión irreconciliables, no tenían enemigos naturales. Tienen sólo un desperfecto: Son una idea terrible. Ante todo, a pesar de los informes de primera mano de muchos maestros, no hay casi ninguna prueba de investigación de que estos programas funcionan. El libro Social Importante of Self-Steem, elcuál es básicamente toda la investigación levantada por la fuerza de trabajo de California, dice francamente, ‘Uno de los aspectos decepcionantes de cada capítulo en este volumen… es qué tan baja es la asociación entre la autoestima y el problema potencial a todos los demás” (Reportado en la Fortune,29 de abril, 1996, pp211-212).

martes, 1 de julio de 2014

ARREPINTIÉNDONOS DE LA "PSICOLOGÍA CRISTIANA" por Steve J. Cole



He descubierto que, espiritualmente hablando, es fácil pensar que te hallas en el curso correcto cuando en realidad vas a la deriva. Por años, en mi trabajo pastoral, pensaba que le estaba dando a mi gente principios bíblicos sólidos por los cuales vivir. Me había graduado de un seminario cuyo lema, estampado en el original griego en la fachada de la capilla, decía, ¡Predica la Palabra! (2 Tim. 4:2). Había sido entrenado sobre cómo realizar una exégesis de la Escritura, como preparar y presentar sólidos sermones bíblicos, y como aconsejar a la gente a partir de la Biblia.

Igual que la mayoría de mis compañeros pastores evangélicos, mi predicación era sazonada frecuentemente con los descubrimientos más recientes de la psicología. Por supuesto, nunca usaba perspectivas psicológicas a menos que estuvieran a tono con la Escritura. Pero, al mismo tiempo, se me había enseñado en el seminario, ¡Toda verdad es la verdad de Dios! Si un psicólogo se topa con algún principio bíblico, ¿por qué no usarlo? ¿Acaso la Biblia no enseña el apropiado amor a uno mismo, en tanto que no se caiga en el orgullo (¡ama a tu prójimo como a ti mismo! Mateo 22:39)? ¿No es el amor de Dios por mí la base para la auto-estima apropiada? ¿No se supone que los padres han de edificar la auto-estima de sus hijos?

De modo que predicaba sermones como "Sintiéndonos Bien con Respecto a Nosotros Mismos" y "Desarrollando un Sentido de Valía Propia", basándome en la Escritura (yo así lo pensaba), repletos de observaciones, citas e historias tomadas de destacados psicólogos Cristianos, cuyos libros y artículos leía. Asistía a conferencias en las que estos hombres proveían entrenamiento en varios aspectos del ministerio, la consejería y la comunicación pastoral. Usaba cintas de vídeo producidas por psicólogos Cristianos para ayudar a entrenar a la gente en cuestiones como la crianza de los niños y las relaciones maritales. Llevé conmigo a gente de la iglesia a un seminario para matrimonios dirigido por dos populares psicólogos Cristianos. A principios de los 80s, traté de publicar un libro sobre el cristiano y las emociones. En ese momento pensaba que el libro era sólidamente bíblico. Ahora estoy agradecido que nunca encontré quién lo publicara.

Parece hasta bíblico

Aunque no teníamos grupos de apoyo en nuestra iglesia (porque estaba demasiado ocupado para organizarlos), estaba abierto a la idea de utilizar programas como los de A. A. para ayudar a ministrar a la gente herida y lastimada. Después de todo, los 12 Pasos parecían bastante bíblicos, muchas iglesias evangélicas grandes los usaban, y parecían ayudar a las personas. Tenía un pastor asociado que quería comenzar un grupo así en la iglesia, y al principio la idea me pareció bien. Pero luego, después de casi 13 años en el pastorado, Dios - por Su misericordia - me impactó tremendamente (como si se tratase de un golpe literal en la cabeza) para mostrarme dónde me había extraviado del curso original. En aquel momento no me inquietaba mi perspectiva de la vida Cristiana. Hubiera argumentado que era un tipo sólidamente bíblico, que solamente usaba la psicología para ilustrar o complementar los principios escriturales, y que me estaba comunicando en términos con los cuales mi congregación pudiera identificarse. Dios, de manera soberana, reunió varios factores para confrontarme con la necesidad de un cambio. Uno de los más poderosos fue que, por primera vez, leí de manera completa y atenta la obra de Juan Calvino, la Institución de la Religión Cristiana.

Fe psicologizada

Al mismo tiempo, los ancianos de la iglesia que pastoreaba nos habían asignado a otro anciano y a mí la tarea de leer un libro de psicología Cristiana que el grupo de apoyo planeaba utilizar. El contraste entre Calvino, por un lado, y el libro de psicología Cristiana, por el otro, era como el día y la noche. Dios trazó una línea en el piso y dijo con claridad, "¿De qué lado estás tú?" No podía evadir la línea. Me tuve que arrepentir de la versión psicologizada de la fe en la que me había extraviado y volverme al Cristianismo centrado en Dios, fundamentado en la total suficiencia de Cristo y las Escrituras. Eso fue en 1991, y desde entonces he llegado a estar más seguro de lo malo que resulta de mezclar el Cristianismo con la psicología. Igual que en el Israel de la antigüedad, los hombres "Temían a Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde habían sido trasladados" (2 Reyes 17:33), así que creo que muchos Cristianos estadounidenses han caído en una mezcla sincrética de Cristianismo y psicología mundana. ¡Pero los dos no se mezclan!

Conflicto con la Biblia

Antes de señalar algunos asuntos específicos, permítanme enfatizar que se requirió un buen tiempo para que estos asuntos llegaran a ser claros para mí. Comencé a tener algunas inquietudes a principios de los 80's. Pero seguí apoyando el uso de la psicología en algún grado hasta Abril de 1991, cuando llegué a un punto crítico y tuve que cruzar la línea. Desde entonces he crecido mucho más en mi entendimiento de estos puntos. Algunos de ustedes pueden estar totalmente en desacuerdo con lo que digo. No espero que todos estén de acuerdo conmigo de manera instantánea. Pero tengo la esperanza de hacer que comiencen a reflexionar en estos asuntos a la luz de la Escritura. Tengo que ser muy selectivo, pero quiero presentar cinco áreas donde creo que la así llamada "psicología Cristiana" se halla en conflicto con la verdad bíblica.

La Biblia no funciona

1. El movimiento de la psicología Cristiana se edifica sobre una perspectiva inadecuada de la salvación. 

A finales de los 1980's, comenzó a ser más claro para mí, de una manera más grande que nunca antes, que había muchas personas sentadas cada semana en mi congregación que profesaban ser salvos, pero que no había mucha evidencia de ello en sus vidas.

En el otoño de 1990, como lo mencioné, los ancianos nos asignaron a otro anciano y a mí revisar el libro que el propuesto "Grupo de Recuperación", dirigido por mi asociado, quería utilizar. Este anciano y su esposa habían estado en el equipo de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo por casi 20 años y Él enseñaba en su seminario (mi iglesia se hallaba cerca de las oficinas centrales de la Cruzada y muchos de nuestros miembros trabajaban en el equipo). Su esposa era una de las personas emocionalmente "heridas" que deseaban que comenzáramos estos grupos de recuperación.


El libro que leímos fue "Cuando Tu Mundo No Tiene Sentido", de Henry Cloud [Oliver- Nelson, 1990]. Se me dijo que me ayudaría a entender a estas personas heridas y lastimadas. Traté de darle todo el beneficio de la duda, pero hubo una parte al principio del libro que me preocupó sobremanera, donde Cloud afirma que para estas personas heridas, las "respuestas Cristianas normales" (tratar con el pecado, la fe, la obediencia, el tiempo en la Palabra y en la oración, etc.) "no funcionaban”…El compara tales cosas con el consejo dado por los amigos de Job, llamándolo "medicina sin valor". Luego propone su solución, la cual es esencialmente una versión bautizada de la psicología del desarrollo. Mientras este anciano y yo discutíamos el enfoque de Cloud me dijo que la gente como su esposa, quienes provenían de hogares disfuncionales, no se podía identificar con mi predicación porque yo enfatizo la obediencia a la Palabra de Dios. Debido a que han tenido padres estrictos, fríos y autoritarios no se pueden relacionar bien con la autoridad. Le contesté que pensaba que también ponía un fuerte énfasis en la gracia de Dios como la motivación para la obediencia. Pero él respondió que su esposa ni siquiera se podía relacionar con la gracia de Dios - era como algo que sólo le pasaba a la par. Me quedé un poco desconcertado, de modo que dije, "¿Quiere usted decir que en las muchas veces que he hablado sobre la gracia de Dios, ella no me ha escuchado?" …El dijo sÌ, en sus 20 años en el equipo de la Cruzada, nunca había sentido la gracia y el amor de Dios en un nivel personal. Pensé en lo que había dicho e hice algunas preguntas de clarificación para asegurarme que le había entendido. Luego le respondí, "Si su esposa jamás ha sentido el amor y la gracia de Dios, ¡entonces no es convertida!" Había estado leyendo el clásico de Jonathan Edwards, "Tratado sobre los Afectos Religiosos", en el que presenta el fuerte caso bíblico de que la fe salvadora no es un mero asentimiento intelectual al evangelio, sino que éste afecta el corazón. Este anciano se disgustó muchísimo conmigo. Pero perseveré en mi posición entonces y es lo que hago ahora, que si una persona se puede sentar en la iglesia por 20 años y nunca ser movida por la gracia y el amor de Dios tal como se nos muestran en la cruz, entonces esa persona no es verdaderamente convertida.

Mientras pensaba acerca de lo que este anciano, mi asociado, Henry Cloud y otros en su campo estaban diciendo, me di cuenta que, en efecto, lo que estaban diciendo es que el poder transformador del evangelio, que ha sustentado a los santos durante y a través de todas las pruebas concebibles, no era suficiente para tratar con los problemas emocionales de estos Cristianos de finales del siglo 20. Y, me llegué a dar cuenta de que el enfoque psicologizado al Cristianismo se edificaba sobre la teología inadecuada que equipara la conversión con tomar la decisión de invitar a Cristo a su corazón. Pero las dos cosas no son necesariamente sinónimas. Bíblicamente hablando, la conversión es el acto sobrenatural de Dios por el cual él le imparte vida espiritual a una persona que está muerta en sus delitos y pecados (Efe. 2:1-5). No es algo que el hombre pueda efectuar en lo absoluto (Juan 1:12-13). Como Calvino (y Edwards) me ayudaron a ver, invariablemente Dios le ha revelado a la persona verdaderamente convertida algo de Su impresionante majestad y santidad. Instantáneamente, como Isaías después de su visión de Dios, el pecador se ve impactado por la corrupción total de su corazón en presencia de esta luz inaccesible, y clama con todo su corazón, "¡Ay de mí! que soy muerto!" En lugar de sentirse mejor con respecto a sí mismo, se siente mucho peor al darse cuenta de su verdadera condición ante el Dios Santo. Igual que el hombre en la historia de Jesús, incluso se muestra nada dispuesto a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpea el pecho mientras clama, "Dios, sé propicio a mí, pecador" (Lucas 18:13). Y, por supuesto, Dios es misericordioso con todos los que verdaderamente claman a El. El psicólogo Henry Cloud (p. 16) afirma que cualquier enfoque que haga que la persona lastimada sienta como si ha de culparse por su dolor - ya sea debido a una falta de fe en Dios o a una falta de obediencia, o cualquier otra cosa - es "juicio" y solamente provoca un "daño indescriptible". Pero Calvino inicia la Institución exactamente en la dirección opuesta:

Porque como en el hombre se halla todo un mundo de miserias, después de haber sido despojados de los dones del cielo, nuestra desnudez, para grande vergüenza nuestra, descubre una infinidad de oprobios; y por otra parte no puede por menos que ser tocada cada cual de la conciencia de su propia desventura, para poder, por lo menos, alcanzar algún conocimiento de Dios.

Así, por el sentimiento de nuestra ignorancia, vanidad, pobreza, enfermedad, y finalmente perversidad y corrupción propia, reconocemos que en ninguna otra parte, sino en Dios, hay verdadera sabiduría, firme virtud, perfecta abundancia de todos los bienes y pureza de justicia; por lo cual ciertamente nos vemos impulsados por nuestra miseria a considerar los tesoros que hay en Dios. Y no podemos de veras tender a El, antes que comenzar a sentir descontento de nosotros (1.1.1).1 Creo que hay mucha gente en las iglesias evangélicas a quienes se les ha dicho, "Paz, paz, cuando no hay paz" Piensan que están en buenos términos con Dios porque pasaron al frente o porque hicieron una oración, pero nunca han sabido nada de su propia corrupción de corazón por medio del ministerio del Espíritu Santo y su obra de traernos convicción. Ellos no sienten, como lo dice Spurgeon, la soga alrededor de su cuello, así que no lloran de gozo cuando el Salvador corta la cuerda. En muchos casos, no se han convertido verdaderamente. Creo que el movimiento de la psicología Cristiana se edifica sobre esta visión defectuosa de la salvación que minimiza la depravación y hace de la conversión algo que el pecador puede hacer al decidirse por Jesús.

¿El diablo tiene baja-autoestima?

2. La psicología Cristiana enfoca a las personas en sí mismas, no en Dios y Su gloria. 


Uno de los errores más dominantes que ha invadido la iglesia en los pasados 25 años es que la Biblia enseña que necesitamos amarnos a nosotros mismos y crecer en auto-estima. Fui influenciado a adoptar esta visión en parte por la lectura del libro de James Dobson, Ocultarse o Buscar [1974], cuyo subtitulo es "La Auto-Estima en el Niño" El afirma que existe una epidemia de baja auto-estima en nuestra sociedad y que esta es responsable de muchas de nuestras enfermedades sociales. Su ilustración de apertura está relacionada con Lee Harvey Oswald, y como este pobre hombre fue menospreciado constantemente. La única cosa que pudo hacer bien fue disparar un rifle, así que finalmente se vio empujado a hacer algo en lo que pudo sentirse bien con respecto a sí mismo: le disparó al Presidente Kennedy. El mensaje claro es que si de alguna manera este hombre se hubiese sentido mejor con respecto a sí mismo, quizá no hubiera cometido esta acción tan terrible. Dobson también escribió "Lo que las Esposas Desean que Sus Maridos Sepan Acerca de las Mujeres" [Tyndale, 1975], en el que afirma que la baja auto-estima es el problema número uno que acosa a las mujeres Cristianas en los Estados Unidos (p. 22).
Esta noción predomina en docenas de libros Cristianos populares. En La Vida Libre de Preocupaciones [Thomas Nelson, 1989], Frank Minirth, Paul Meier y Don Hawkins declaran que una falta de valía propia "es la base de la mayor parte de los problemas psicológicos" (p. 140). Ellos dicen que la razón por la cual David pudo vencer a Goliat, y por la cual Saul no pudo, es que David tenía una buena auto-estima, en tanto que Saúl no (p. 139). También dicen que los diez espías que regresaron con un reporte negativo sobre los gigantes en Canaán sufrían de un auto-concepto negativo, mientras que Josué y Caleb tenían un auto-concepto positivo y se respetaban a sí mismos (p. 136).


Recibí un folleto de presentación de los Centros de Tratamiento Rapha, fundados por Robert McGee, autor de "La Búsqueda de Significado". En él aparecen elogiosas recomendaciones de parte de Billy Graham, Charles Stanley, Dawson McAllister, D. James Kennedy, Jerry Falwell y Beverly LaHaye. El folleto explica, "Parte del Éxito de Rapha se encuentra en la habilidad distintiva de identificar y resolver los problemas de la baja autoestima. En el corazón de todos los problemas emocionales y de los desórdenes adictivos se halla la baja valía propia. Nunca es el único problema; pero es un asunto tan grande que, si no se trata con él adecuadamente, uno se ve impedido de experimentar resultados duraderos y positivos"

Nunca he llegado tan lejos al enseñar el tema de la auto-estima. Yo era "más equilibrado"

Enseñaba que demasiado amor propio equivalía a orgullo, pero que debíamos tener una cantidad apropiada de amor propio para así poder tener suficiente confianza para funcionar en la vida y servir a Dios. Había usado las verdades de nuestra posición en Cristo para respaldar esto, junto con el mandamiento de amar a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos.

Entonces leí a Calvino. Al discutir el pecado original, él muestra como, por la naturaleza caída, todos estamos inclinados a adularnos a nosotros mismos debido al amor propio innato. Calvino declara (2.1.2), Pues no hay nada que más apetezca la natural inclinación del hombre que ser regalado con halagos y dulces palabras. Y por eso, donde quiera que se oye ensalzar, se siente propenso a creerlo y lo oye de muy buena gana.

Luego sigue diciendo que tal exaltación de la naturaleza humana caída nos enseña a estar satisfechos con nosotros mismos, pero que eso "engaña hasta el punto de guiar, a aquellos que asienten con esto, hacia la ruina total".

Más adelante, al discutir nuestra necesidad de amar a nuestro prójimo como el cumplimiento de la ley, afirma (2.8.54):

"Pues como los hombres por su misma naturaleza están mucho más inclinados de lo justo a amarse a sí mismos, y por más que se aparten de la verdad siempre permanecen aferrados a este amor, no fue necesario darles ley alguna para inflamarlos más en este excesivo amor de sí mismos. Por donde se ve manifiestamente que no es el amor de nosotros mismos, sino el amor de Dios y el del prójimo el cumplimiento de la ley; y, por tanto, que el que vive recta y santamente, es el que vive lo menos posible para si mismo; y que nadie vive peor ni más desordenadamente que el que vive solamente para sí y no piensa más que en su provecho propio, y de esto sólo se cuida. Incluso el Señor, para mejor exponer el afecto y amor que debemos tener a nuestros prójimos [Lev. 19:18], nos remite al amor con que cada uno se ama a sí mismo, poniéndolo como regla y modelo, pues no hay afecto ni amor más vehemente que éste".


Luego continúa refutando a ciertos hombres de su época quienes enseñaban, como enseñan muchos psicólogos Cristianos modernos, que debemos primero aprender a amarnos a nosotros mismos antes que podamos amar a Dios y a los demás.

En contraposición al amor a uno mismo, Calvino enfatiza repetidamente la humildad como la virtud principal. En un capítulo que trata con la cautividad de la voluntad al pecado (2.2.11), cita a Agustín, "Cuando uno reconoce que no es nada en sí mismo y que ninguna ayuda puede esperar de sí, sus armas se le rompen y cesa la guerra. Y es necesario que todas las armas de la impiedad sean destruidas, rotas y quemadas y te encuentres tan desarmado, que no halles en ti ayuda alguna. Cuando más débil eres por ti mismo, tanto mejor te recibirá Dios".

Calvino concluye, "lo que pido es que, dejando a un lado el amor de sí mismo, de su elevación y ambición - sentimientos que le ciegan y le llevan a sentir de sí mismo más de lo conveniente - se contemple como debe en el verdadero espejo de la Escritura [cf. Santiago 1:22-25]."

Calvino también tiene un capítulo maravilloso titulado, "La Suma de la Vida Cristiana: La Renuncia a Nosotros Mismos" (3.7).

Mientras leía el tratamiento sólidamente bíblico de la naturaleza del hombre y el pecado por parte de Calvino, me di cuenta que había errado tremendamente al caer en la enseñanza de la "auto-estima apropiada" de la psicología Cristiana. Me di cuenta que la psicología Cristiana servía para edificar al hombre en su pecado y para rebajar a Dios presentándolo más como nuestro buen compinche que nos ama incondicionalmente para que así podamos aceptarnos a nosotros mismos. Pero la Biblia exalta a Dios como santo y glorioso, mientras despoja al hombre de su orgullo y auto-justicia y hace que incluso el hombre más justo de la tierra se postre en el polvo mientras proclama, "He aquí que yo soy vil, ¿qué te responderé? ¡Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza!" (Job 40:4; 42:6).

Partiendo de una visión errada del yo y de Dios, también comencé a ver que la psicología Cristiana no dirige a las personas hacia el punto focal apropiado de glorificar a Dios y vivir para agradarle sin importar cuál sea el costo personal. Más bien, usa a Dios y a la Biblia para los fines egoístas de la felicidad y la paz interior. Los libros Cristianos de psicología y auto- ayuda siempre citan numerosas Escrituras y, a veces, incluso las exponen. Esto les da a estos libros una cierta capa de barniz que los hace sonar bíblicos. Pero el corazón de su enfoque es utilizar a Dios para hacer que uno se sienta feliz o realizado, en lugar de someterse a Dios para glorificarlo porque solamente El lo merece.

Se necesitó un tiempo, pero finalmente llegué a ver que este era el problema con los populares programas de los 12 Pasos que también han invadido la iglesia. Cuando estaba buscando alguna manera de ayudar a estas personas heridas en mi iglesia, alguien me dio una cinta de vídeo y un manual de trabajo que se estaban utilizando en la floreciente Iglesia Evangélica Libre de Fullerton, donde pastorea Chuck Swindoll. Respetaba a Chuck y me había beneficiado de su ministerio de predicación, de modo que tenía la esperanza de usar el material.


Pero, a medida que lo examinaba me llenaba de inquietudes. Usaba citas de la Escritura con frecuencia, pero estaba entretejido con toda la palabrería ya familiar de la baja auto-estima.

Decía que la cura de nuestros problemas emocionales se realiza cuando aprendemos a enfocarnos en nosotros mismos, amarnos a nosotros mismos y edificar nuestra auto-estima, el cual es el ingrediente faltante en nuestras personalidades. Me di cuenta que los Programas de los 12 Pasos simplemente están utilizando a Dios (¡independientemente de cómo Ud. lo conciba!) para producir auto-felicidad.

En contraste con la psicología Cristiana, Jesús declara que si quieres seguirle la primera cosa es negarte a ti mismo y tomar tu cruz cada día (Lucas 9:23). Los dos enfoques no se pueden mezclar. O te arrepientes del amor propio y el orgullo y mueres al yo para así vivir para la gloria de Dios y Su propósito, o tratas inútilmente de utilizar a Dios para impulsar tu propia felicidad. Para seguir a Jesús el yo debe ser destronado constantemente.

Pablo y su terapeuta

3. La psicología Cristiana niega la suficiencia de Jesucristo y el poder del Espíritu Santo.

Henry Cloud, en el libro antes mencionado, declara de manera rotunda, intenté con las respuestas Cristianas "normales" conmigo mismo y con otros, y llegué a las mismas conclusiones a las que Job llegó: son "medicina inútil" (p. 17). Estas respuestas normales son decirle a la gente que están en pecado, que no tienen suficiente fe, que no pasan suficiente tiempo en la Palabra o en momentos de quietud, o que son - de una manera u otra - responsables de su dolor (p. 16). En otras palabras, Jesucristo y el Espíritu Santo no son suficientes. Necesitas las perspectivas y descubrimientos de la psicología para lidiar con tus batallas emocionales.

Pero la Biblia dice con claridad que el Señor Jesucristo, el Señor viviente, es todo para el creyente. "Porque en Èl habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en Él" (Col. 2:9, 10). Además, El no nos ha dejado solos, sino que nos ha dado libremente Su Espíritu Santo para que habite en nosotros y nos llene de poder. Si caminamos por el Espíritu, no satisfaremos los deseos de la carne y Su fruto - amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio - será la característica de nuestras vidas (G·l. 5:16, 22, 23). Sostengo que estas cualidades describen a una persona psicológicamente madura e íntegra. Siendo lo que son - un fruto - se requiere tiempo para que estas cualidades se desarrollen. No se alcanzan sin esfuerzo y lucha. Pero la Biblia no dice que estas cualidades estén disponibles para cualquiera que provenga de lo que llamamos un trasfondo normal, ¡pero que aquellos que provienen de hogares disfuncionales tendrán que esperar que la psicoterapia haga su aparición para lograr alcanzarlas! Ella promete este fruto a todo creyente que camine dependiendo del Espíritu Santo.

No estoy sugiriendo que, para el creyente, la vida sea tranquila y fácil, en la que nunca somos rechazados, o que nunca batallamos con sentimientos como la desesperación, la depresión, la ansiedad o el temor. La Biblia nos muestra a hombres y mujeres piadosos quienes lidiaron con emociones abrumadoras mientras pasaban por pruebas terribles. Pablo mismo dijo que se hallaba cargado de manera tan excesiva que perdió la esperanza incluso de vivir. ¿Pero se fue a visitar a su terapeuta para aprender como sentirse mejor consigo mismo? No, él dice que el punto de su tremenda prueba fue para que "no estuviésemos confiados en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos" (2 Cor. 1:8, 9).

Afirmo que uno de los principales propósitos de las pruebas es enseñarnos esa misma lección, a no confiar en nosotros, sino a confiar aún más plenamente en la total suficiencia de nuestro Señor Jesucristo. A veces las pruebas también nos enseñan que nos necesitamos los unos a los otros en el cuerpo, a llevar las cargas unos de otros. Así que, cuando hablo de la total suficiencia de Cristo, no estoy excluyendo la necesidad de que nuestros compañeros creyentes nos escuchen, protejan y aconsejen. Pero debemos ayudarnos los unos a los otros a apropiarnos de Cristo, no de las últimas técnicas de la psicoterapia enfocada en uno mismo.

La Biblia estaba bien para mi abuelita

4. La psicología Cristiana socava la suficiencia y autoridad de la Palabra de Dios.

Por supuesto que esto se relaciona con la suficiencia de Cristo y el Espíritu Santo. Pero se extiende a toda la Escritura. La psicología Cristiana nos dice que la Palabra está bien, en tanto se quede allí, pero que no trata con todos los problemas complejos que enfrentamos en estos días. La Biblia está bien para tratar con los asuntos espirituales de la salvación, pero cuando se trata de lidiar con los problemas emocionales necesitas un terapeuta entrenado.

Por ejemplo, la revista Christianity Today (Cristianismo Hoy) [2/10/92, p. 28] afirmó con gran pompa, "Mito: Un pastor es competente para aconsejar a sus feligreses. Hechos: La mayoría de los pastores están armados apenas con un precario conocimiento de las terapias conductuales. El llamado del pastor es, fundamentalmente, un llamado espiritual, ayudar a la gente a encontrar fortaleza en la presencia de Dios y un sentido de dirección divina en medio de la dificultad. El ajuste psicológico es un asunto diferente, y cuando requiere una atención seria, los pastores deberían encontrar maneras de asociarse con consejeros y terapeutas profesionales".

John Coe de la Escuela de Psicología Rosemead. Coe desarrolla el argumento de que la Escritura es solo parte de la revelación de Dios. Acude a Tomás de Aquino a que testifique que Dios no solamente nos habla a través de la Palabra, sino también en la naturaleza. Coe afirma, "Solo cuando todas las formas de revelación sean tomadas juntas podemos hablar de la suficiencia de la revelación". El dice que "la Biblia provee la interpretación divina de los aspectos de la historia y la naturaleza. Pero ella sola es insuficiente" Afirma que el autor de Eclesiastés "está consciente tanto de la insuficiencia de la Biblia sola lo mismo que de la sabiduría natural sola".



Coe está tratando de establecer el punto de que necesitamos la sabiduría obtenida a través de la psicología para complementar la Escritura, porque "toda verdad es la verdad de Dios". "La Biblia no nos dice todo lo que necesitamos saber con respecto a la medicina o las matemáticas. De la misma manera es tonto ignorar la "sabiduría" de la psicología moderna".

Pero estos argumentos son falaces y perjudiciales para la autoridad de la Escritura. El punto real es, ¿cómo determinamos qué es la verdad, especialmente en el ámbito psicológico? La psicología se inmiscuye en asuntos tratados con total claridad en la Biblia: la ira, la lujuria (adicción sexual), la amargura, la ansiedad, el lenguaje abusivo, la depresión y muchas otras áreas. Toda la Biblia expresa el propósito de ayudarnos a tener relaciones saludables ("ama a tu prójimo"). La Biblia habla de algunos asuntos médicos, pero ése no es su punto focal. Pero nos dice con claridad cómo tratar con los mismos problemas que la psicología pretende ayudarnos a resolver. Y la psicología siempre toma una aproximación diferente al de la Escritura debido a que se enfoca en el yo y no se interesa por agradar a Dios. Además, es engañoso asumir que la psicología es una ciencia a la par de la medicina moderna. Literalmente existen cientos de psicoterapias que disputan entre sí y que no tienen ninguna validez científicamente establecida.

Si hay "verdades" psicológicas, entonces se alinearán con la Escritura, en cuyo caso la psicología está de más.

Una de las cosas que me impacta al leer a Calvino es que fue capaz de soltarse de las amarras de la influencia monolítica del Catolicismo Romano únicamente con la Escritura.

Debido a que se empapó de la Palabra Calvino vivió una vida piadosa a pesar de una constante enfermedad corporal y de una intensa oposición a su enseñanza. Su examen universal para todo fue, ¿Qué dice la Escritura? Como pastor, ayudó a su gente a lidiar con todas las pruebas de la época predicando y aconsejando estrictamente a partir de la Palabra de Dios. La Biblia afirma que ella equipará al hombre de Dios para toda buena obra. Una persona afectada psicológica o emocionalmente no se halla equipada de esta manera. Las preciosas y magníficas promesas de Dios, junto con Su divino poder, nos otorgan todo lo que pertenece a la vida y a la piedad (2 Ped. 1:3, 4). ¿Qué más necesitamos para enfrentar los problemas de la vida? ¡Ciertamente no la psicología mundana!

Yo no soy el culpable, fue mi padre
5. La psicología Cristiana minimiza la visión bíblica del pecado y la responsabilidad personal.


Si ha leído parte de la literatura de la psicología Cristiana popular entonces no necesitaré probarle que el movimiento de la psicología Cristiana minimiza grandemente la visión bíblica del pecado y la responsabilidad personal. El movimiento usa de manera consistente una terminología médica que implica que la persona no es responsable de sus problemas. El es un "adicto sexual", no alguien esclavizado por la lujuria. Es un alcohólico, no un borracho. Se halla en recuperación, no en arrepentimiento. Un manual de trabajo llamado, "Los Doce Pasos para Cristianos", usado por la anterior iglesia de Chuck Swindoll en Fullerton, declara, "Para los Cristianos que sufren de una enfermedad adictiva, o que son producto de una familia con rasgos adictivos, los mensajes de juicio por parte de la Iglesia pueden ser especialmente problemáticos. Pueden impedir que una persona busque su recuperación...

A medida que llegamos a estar dispuestos a admitir nuestra disfunción, ante nosotros mismos y ante otros en recuperación, veremos que este proceso representa una oportunidad de sanidad y es altamente gratificante..." Continúa diciéndonos que necesitamos "reconocer, e incluso hacernos amigos de nuestra naturaleza negativa o reprimida". Aprenderemos a "aceptar nuestras tendencias no deseadas tales como la ira, la conducta sexual inapropiada, la hostilidad o la agresión".

¿Notó usted que no hubo ninguna mención del pecado, la corrupción, el arrepentimiento, o del favor inmerecido de Dios?

Algunas páginas más adelante el manual enumera algunas señales clave en el proceso de recuperación. Una es que "generalmente nos aprobamos a nosotros mismos". Otra afirma que "nos estamos recuperando por amarnos y enfocarnos en nosotros mismos". ¡Nos sentimos cómodos levantándonos a nosotros mismos cuando es apropiado! ¡Amamos a la gente que se ama y que se cuida a sí misma! ¡Tenemos una autoestima saludable!.

Podría seguir citando ejemplos del lenguaje psicologizante que ha inundado la iglesia. Este simplemente se hace eco del actual énfasis cultural en la victimización y la auto-aceptación, no importa de qué manera tan terrible una persona haya pecado.

En agudo contraste, Calvino es refrescantemente humilde al clasificarse a sí mismo y a todos los creyentes como pecadores. En su gran capítulo sobre el arrepentimiento, él declara, "Por eso yo pienso que ha adelantado mucho el que ha aprendido a sentirse insatisfecho de sí mismo; no para permanecer ahí estacionado sin pasar adelante, sino más bien para darse más prisa y suspirar más por Dios, a fin de que injertado en la muerte y en la vida de Cristo se ejercite en un arrepentimiento perpetuo".

En su capítulo sobre la "Auto-negación" (3.7.4); (usted no encontrará ningún tratamiento bíblico de la auto-negación en los libros de psicología Cristiana) Calvino escribe con mucha perspicacia de nuestra naturaleza pecaminosa:

"Porque todos nosotros somos tan ciegos y tan embebidos estamos en el amor de nosotros mismos, que no hay hombre alguno al que no le parezca tener toda la razón del mundo para ensalzarse sobre los demás y menospreciarlos respecto a sí mismo. Si Dios nos ha enriquecido con algún don estimable, al momento nuestro corazón se llena de soberbia, y nos hinchamos hasta reventar de orgullo. Los vicios de que estamos llenos los encubrimos con toda diligencia, para que los otros no los conozcan, y hacemos entender adulándonos, que nuestros defectos son insignificantes y ligeros; e incluso muchas veces los tenemos por virtudes. Mas, si vemos estos dones en otros, o incluso mayores, al vernos forzados a reconocer que nos superan y que hemos de confesar su ventana, los oscurecemos y rebajamos cuanto podemos. Por el contrario, si vemos algún vicio en los demás, no nos contentamos con observarlo con severidad, sino que odiosamente lo aumentamos."

De ahí nace esa arrogancia en virtud de la cual cada uno de nosotros, como si estuviese exento de la condición común y de la ley a la que todos estamos sujetos, quiere ser tenido en más que los otros, y sin exceptuar a ninguno, menosprecia a todo el mundo y de nadie hace caso, como si todos fuesen inferiores a él... pero no hay nadie que en su interior no tenga una cierta opinión de que excede a los demás".



Si no me estuviera sintiendo bien, querría que el doctor me dijera la verdad respecto a mi condición. Puede que me abrace y que me diga que soy el tipo más maravilloso del mundo. Puede que me asegure que mi problema es de tipo menor y que me diga que debería ignorar como me siento y decirme a mí mismo cuán genial soy. Pero si tengo un cáncer, todos sus abrazos y su charla de afirmación son totalmente inútiles. Necesito hacerle frente a la dura verdad respecto a mi condición. Solamente entonces habrá alguna esperanza de que tome las medicinas necesaria para mi curación, no importa cuán dolorosas y cansadas puedan ser, para mejorarme.

No les hacemos ningún favor a los pecadores al pasarle una capa de barniz a la naturaleza tan seria y penetrante de su orgullo, lujuria, avaricia, celos y auto-centrismo. Ayudamos verdaderamente a los pecadores cuando con amor, pero con honestidad, les ayudamos a ver la verdad tal y como se revela en la Palabra de Dios. Mientras más se acerque alguien a la luz inaccesible de la santa presencia de Dios, más mira la contaminación del pecado en su propio corazón. Si verdaderamente conoce a Cristo como su Salvador del pecado, odiará el pecado que mire en su interior, hará los esfuerzos debidos para desarraigarlo, y con gratitud se apropiará de la gracia abundante y del perdón de Dios.

Conclusión

Puede ser que algunos de ustedes estén pensando, "¿No estás siendo un poco extremista?, ¿No estás desechando al bebé junto con el agua que se ha usado para bañarlo? ¿No hay algún beneficio que pueda obtenerse de la psicología?"

¡No mucho! Puede que haya algunas observaciones útiles de la misma manera que Selecciones del Reader's Digest ofrece algunas observaciones interesantes de vez en cuando.

Pero la psicología no ofrece nada necesario para la vida y la piedad y de lo cual carezca la Biblia. Si algún problema se debe a una disfunción orgánica o química en el cerebro, la persona puede necesitar una solución médica (aunque insto con insistencia a tener mucha precaución con respecto al uso de drogas psiquiátricas.) Pero en términos del ofrecimiento de soluciones a los problemas emocionales y relacionales que enfrentamos, la psicología no tiene nada que ofrecerle al creyente, y tiene mucho con lo cual engañar y confundir.

Por miles de años la Biblia ha sido adecuada para equipar a los santos para pasar por la tragedia, para enfrentar la persecución e incluso el martirio.
¿Por qué somos tan insistentes en darle la espalda a nuestro Señor todo suficiente, la fuente de aguas vivas, para cavarnos cisternas para nosotros mismos, cisternas rotas que no retienen agua (Jer. 2:13)? No necesitamos la psicología. Necesitamos al Señor y Su Palabra.

© Steven J. Cole, 1998