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lunes, 15 de diciembre de 2014

¿LA NAVIDAD HONRA A CRISTO REALMENTE? por Isaac Villalobos Pérez



“Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” Mateo 15:9.

Ahora veamos un argumento utilizado con frecuencia para justificar la observancia de la navidad. Hay quienes insisten en que a pesar de tener sus raíces en una costumbre pagana, ahora no se observa la navidad para honrar a un falso dios, el dios Sol, sino para honrar a Jesucristo. 

¿Qué nos dice la palabra de Dios al respecto? “Guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: de la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. No hará así a Jehová tu Dios; porque toda cosa abominable que Jehová aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses.” Deut. 12.30-31.

Asimismo, el profeta Jeremías nos advierte con respecto a las costumbres tradicionales de la sociedad que nos rodea: Así a dicho Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril.” Jeremías 10.2-3, Dios nos dice claramente en su manual de instrucciones para nosotros, la Biblia que no aceptará esta clase de culto aunque sea con la intención de honrarlo a Él. Nos dice que eso es abominable y por tanto no lo honra a Él sino a los falsos dioses paganos.

Dios no quiere que lo honremos “como nos dicte nuestra propia conciencia”. Jesucristo dijo claramente: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” Juan 4.24. ¿Qué es verdad? El mismo Jesús dijo que su Palabra, la Santa Biblia, es verdad. Juan 17.17. La Biblia dice que Dios no aceptará el culto de personas que, queriendo honrar a Cristo, adopten una costumbre pagana. De nuevo, Jesús dijo: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” Mateo 15.9. La observancia de la Navidad es un mandamiento de hombres y esto lo ha prohibido Dios. Jesucristo dijo además: “Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición” Mateo 15.6.

Esto es precisamente lo que hacen hoy millones de personas. Desechan el mandamiento de Dios. Su mandamiento con respecto a la celebración de costumbres paganas para honrar o adorar a Dios es clarísimo: “Tú no harás lo mismo con el Señor, tu Dios”. Sin embargo, la mayoría de la personas toman a la ligera este mandamiento y lo invalidan siguiendo la tradición de los hombres al observar la Navidad, ¿por qué? “…Porque erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.” Mateo 22:29.

¡No nos equivoquemos! Dios nos permite desobedecer. Nos permite seguir las costumbres de los hombres. Nos permite pecar. Pero también nos advierte que habrá un día de juicio en el que ¡segaremos lo que hayamos sembrado! Jesucristo fue la Palabra viviente y personal de Dios, y la Biblia es la Palabra de Dios escrita. ¡Por esas palabras seremos juzgados para toda la eternidad! No debemos hacer caso omiso de ellas ni tomarlas a la ligera.

Hay pastores y hermanos que siguen predicando acerca de esta fiesta como un pretexto, diciendo que hay que aprovechar la oportunidad, ¿Qué ridículo? Y hasta sus frases son fabricadas por el mismísimo demonio, diciendo: “Que hoy haya una navidad en tú corazón” o “cada día sea navidad en tu corazón” “Deja que en tu corazón se realice la navidad” “para los hombres de buena voluntad” etc. Pregunto: ¿Eso está en la Biblia? La BIBLIA no dice que Jesús nacerá en tu corazón, dice que tú nacerás en Cristo Jesús, esto es el nuevo nacimiento en Cristo. Abre tus ojos y no sigas predicando mentiras. ¿REALMENTE ESTÁS HONRANDO A JESÚS EL CRISTO?

jueves, 11 de diciembre de 2014

LA NAVIDAD ES UNA FIESTA PAGANA por Isaac Villalobos Pérez


LECTURA BÍBLICA: Mar. 7:1-9; Gál. 4:8-11.


La transmisión de costumbres, ritos y doctrinas que no se encuentran en las Sagradas Escrituras, son un veneno de Satanás. Con esta fiesta pagana el diablo distrae poniendo la mente del hombre en el nacimiento de Jesús, desviando el propósito del nacimiento, La muerte en la cruz en lugar del pecador. Todo el mundo ama al niño Jesús, pero nadie ama en verdad a Jesús, el que les ofrece la salvación y la vida eterna, todos le rechazan.



En los meses de octubre a diciembre, las casas comerciales empiezan a engañar a la humanidad, todo esto porque las iglesias protestantes han salido de la “iglesia madre” la católica romana y la gran mayoría de iglesias evangélicas también tienen a la iglesia católica como su madre, por eso que están llevando a cabo la tradición de su “madre” Ezequiel 16:44 “Cual la madre, tal la hija”

1. ¿Por qué nosotros los cristianos nacidos del Espíritu no debemos celebrar la navidad? Porque nosotros no dependemos de la iglesia católica romana. Nosotros dependemos de Cristo quien es nuestra cabeza y Señor. La iglesia católica es falsa y no tenemos ninguna obligación de seguir la tradición de los apóstatas, una invención del diablo. Gracias a Dios nosotros estamos libres de la iglesia romana, Juan 8:32,36. “Y conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres; Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”

2. ¿Qué dice la Biblia sobre la fecha de la navidad? No dice absolutamente nada y no hay ninguna enseñanza que mande que uno deba celebrar el nacimiento de Jesús el Cristo. Si Dios hubiera querido que su iglesia celebrara el cumpleaños de Jesús, seguro que Él lo habría revelado en su palabra. Apoc. 22:18-20. “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitara su parte del libro de la vida. El que da testimonio de estas cosas dice: ciertamente vengo en breve. Amen; si, ven Señor Jesús.”

3. Ninguno de los apóstoles celebraron la navidad, no lo registra la Biblia. Gál. 4:8-11. “Ciertamente en otro tiempo, no conociendo a Dios, sirváis a los que por naturaleza no son dioses; más ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.”

4. Ninguno de los creyentes de la iglesia de los primeros siglos celebraron la navidad. Para nosotros, la Biblia es completa y no podemos añadir ni quitar sus palabras. II Timoteo. 3:16,17. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

5. Somos instruidos a adorar a Dios, no a cumplir tradiciones paganas. Juan 4:24. “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren.”

6. Somos instruidos a sostener la obra de Dios. II Corintios 9:6,7. “Pero esto digo: el que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno de cómo propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”

7. Somos instruidos en cómo debemos testificar para Dios. Hechos 1:8. “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

8. Somos instruidos de cómo debemos bautizar a creyentes. Mat. 28:19, Romanos. 6:3-5. “Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” “¿O no sabéis que los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte para el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con Él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección.”

9. Somos instruidos para participar de la Cena del Señor I Corintios. 11:23-26. “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; esto haced en memoria de Mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebieres, en memoria de Mí. Así, pues, todas las veces que comieres este pan, y bebieres esta copa, la muerte del Señor anuncias hasta que Él venga.”

10. Pero, en ningún lugar de la Biblia se nos instruye a celebrar el nacimiento de Jesús el Cristo, pero usted dirá, pero, que de malo hay, además es por el bien de los niños, es una oportunidad para predicarles. Justamente eso es lo que quiere el diablo, que es una inocente fecha de celebración.

11. La fecha del nacimiento de Cristo Jesús no es conocida. 
Es un secreto de Dios, no debemos intentar o tratar de descubrir y tentar a Dios con las tradiciones paganas, si las Sagradas Escrituras no dicen nada al respecto. Deut. 29:29. “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; más las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.”

Si Dios hubiera querido que celebrásemos el nacimiento de su hijo, el habría dado a su iglesia una fecha, o una orden. Entre las “iglesias” de los romanistas, protestantes y en la gran mayoría de evangélicos hay tantas tradiciones que no están basadas en las Sagradas Escrituras. Ejemplo:

Dicen que los pastores y los astrólogos estaban juntos aquella noche. ¡Esto no es cierto! Incluso lo dice en los himnos que hacen alusión a la navidad. Los pastores se encontraban cerca de la ciudad llegaron la misma noche. Lucas 2:8-20. Los astrólogos llegaron casi dos años más tarde, visitando al niño en su casa en la ciudad de Nazaret, y no en el pesebre. Mat. 2:1-12,16. No hay mención de tres astrólogos, mucho menos sus nombres. Nadie sabe cuántos eran. Mat. 2:1,2.

12. Todo el mundo cree que Jesús nació el 25 de diciembre. Esta fecha es imposible ya que en Palestina es tiempo de invierno. La fecha es imposible ya que diciembre y enero es época de grandes lluvias y era imposible que los pastores, durmieran a cielo abierto cuidando sus rebaños. Por la razón del invierno, se comenzó a especular las fechas. 16 ó 20 de mayo, 9, 19 ó 20 de abril, 29 de marzo ó 29 de setiembre. A raíz de toda esta especulación el año 334 el papa Julio I proclamó que Jesús el Cristo había nacido el 25 de diciembre y punto.

Esta fecha no fue escogida al azar, hicieron coincidir perfectamente con las festividades de muchos peregrinos durante el solsticio de invierno o sea el nacimiento del sol, los vikingos en honor a Odín, las saturnalias romanas, el nacimiento del dios indo iraní Mitra, También se decía que en esta fecha había nacido el dios sol, Osiris, Onus, Hércules, Baco, Júpiter, Tammuz, Saturno, Ninrod, y otros.

Cuando Ninrod murió, su esposa la reina Seminaramis, lo proclamó como el dios sol. Seminaramis tuvo un hijo ilegítimo llamado Tammuz y ella declaró que este hijo fue concebido milagrosamente por el espíritu de su esposo fallecido, en una inmaculada concepción. Seminaramis también declaró que su hijo era realmente el regreso del renacimiento de su esposo Ninrod. Y es así como la doctrina de la reencarnación se originó.

En poco tiempo los seguidores de Ninrod también comenzaron a adorar a su “madre” más que al hijo, venerándola como la reina del cielo” y la diosa de la fertilidad, también conocida como Astarté, Ishtar, etc. Los cultos a la madre y al hijo le suena familiar, es porque el catolicismo está basado en estas tradiciones paganas. Es por eso que la fecha supuesta del nacimiento de Jesús haya sido asimilada rápidamente al retorno del sol y a otros dioses. Poniendo de lado la fecha, no somos mandados a adorar a un niño en el pesebre, ni al Hombre Dios en la cruz. Somos mandados a adorar a Jesucristo crucificado, muerto, enterrado, resucitado y sentado a la diestra de Dios Padre.

13. Origen de la Celebración de la Navidad. Como ya vimos que la fecha se dio autoritariamente por un papa el año 334, y ninguna de la iglesias del Señor Jesús la celebraban, pero por el siglo IV algunas iglesias dejando las enseñanzas de los apóstoles comenzaron a celebrar “días de los santos” y luego el supuesto día del nacimiento de Jesús.

Habiendo estudiado este asunto con la claridad meridiana, no celebraremos nunca más esta fiesta anti bíblica. No celebraremos porque es una fiesta de la iglesia romana, y nosotros no somos de aquella iglesia. No tenemos que celebrar las tradiciones de hombres, basta ya que lo hacíamos bajo nuestra ignorancia. Tenemos libertad en Cristo Jesús.

La celebración de esta fiesta, es una mezcla entre la religión pagana de los romanistas y el comercio, y un verdadero creyente no debe tomar parte en esto. I Juan 2:15-17. “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

La navidad es mundana como otras fiestas paganas, nadie está recordando a Jesucristo en aquel día, mire la cantidad de licores que se consume, la cantidad de juguetes (practicas paganas), árboles, adornos, luces, etc. Todo es pura basura. Jeremías 10:1-5. “Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel. Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder.”

No debemos celebrar esta “fiesta” porque la Palabra de Dios prohíbe estas prácticas. Gálatas 4:8-11. “Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servías a los que por naturaleza no son dioses; más ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os querréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.”

Las instrucciones para los creyentes en relación a este asunto se encuentra en II Corintios 6:14 hasta el 7:1. “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andará entre ellos y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y Yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” Fijar una fecha conmemorativa, es mentir y engañarse uno mismo y seguir engañando a nuevas generaciones, volviendo al paganismo.

Amados hermanos ya es tiempo que debemos tomar conciencia de muchas fiestas que practicábamos bajo nuestra ignorancia, pero que ahora está a la luz de las Sagradas Escrituras y de la Historia del Cristianismo; fiestas que nunca el cristianismo las debió practicar, y que conforme pasa el tiempo debe quedar en el olvido de dicha práctica. Fiestas paganas en las que el diablo se lleva la gloria. En Isaías 42:8. Dice: “Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.”


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sábado, 31 de mayo de 2014

AHORA QUE SOY SALVO, ¿PUEDO PERDER MI SALVACIÓN? por Isaac Villalobos Pérez

 Por: Isaac Villalobos Pérez

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” Juan 5:24.


No me gusta hablar mucho de este tema porque me causa fastidio, lo confieso. Porque la Biblia, Palabra de nuestro Buen Dios y Salvador Jesucristo, no dice nada acerca de que la salvación se pierde o no se pierde, sencilla y poderosamente con toda claridad meridional, solo nos habla que Dios nos da en Jesucristo Salvación y vida eterna o sea seguridad. Lo demás solo son postulados teológicos que nada bien hacen a la iglesia.

Una vez que el individuo aceptó la salvación tal como la Biblia lo declara arrepintiéndose de sus pecados que consta de confesarlos y apartarse de ellos; Prov. 28.13; II Tim 2.19 y poniendo su fe en el Señor Jesucristo, tiene la vida eterna. Rom. 3.21-22. Es importante que el convertido entienda que tal conversión haya afectado su vida. Y que entienda que sólo hay dos familias espirituales en esta tierra: la familia de Dios y la de Satanás. 

Nacemos en la familia de Satanás por medio del nacimiento físico. “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.” Juan 8.44. “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” Rom. 5:12.

Nacemos en la familia de Dios por medio del nacimiento espiritual que toma lugar cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador personal. Juan 1.12-13. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” Juan 3.3-6. “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios... Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” El propósito de esta reflexión es el de enseñarle a usted acerca del estado del nuevo creyente en la familia de Dios, y con base en los hechos bíblicos, dejar establecido claramente el asunto de la seguridad eterna del cristiano. El testimonio del Señor Jesucristo es claro sobre este tema.

Jesucristo prometió esto: “...y al que a mi viene, no le echo fuera” Juan 6.37. Dios no le arrojará de su familia bajo ninguna circunstancia. Juan 5.24. "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida." Ningún hombre puede hacer que usted pierda la salvación, porque Dios, su Padre, es mayor que cualquier hombre y ningún hombre puede sacarlo de la mano de Él. Juan 10.27-29. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. SI USTED CREE QUE LA SALVACIÓN SE PIERDE, PERDIDO ESTUVO SIEMPRE.

miércoles, 21 de mayo de 2014

EL ARREPENTIMIENTO PARA SALVACIÓN



“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto.” II Cor. 7:10,11. 

Solicitud: La solicitud es “diligencia o instancia cuidadosa”. La persona que realmente se arrepiente de sus pecados tendrá “solicitud”. Tendrá una diligencia, una instancia cuidadosa para no caer en los mismos pecados. ...no proveáis para los deseos de la carne. Rom. 13.14. Si antes de su conversión tenía problemas con alcohol, drogas, etc. será diligente en evitar los lugares a donde iba antes. Si antes tenía problemas con la pornografía y el sexo ilícito, “se cuidará diligentemente” para no caer en lo mismo. 

Tal vez quite el Internet de su casa para que no haya ninguna provisión para su carne. Tiene que dejar de salir con las amigas o los amigos que le serían una tentación. Cualquiera que sea su área de debilidad, el arrepentimiento producirá solicitud en su carácter y en su comportamiento. Será diligente en no proveer para la carne, en evitar la tentación y el pecado.

Defensa: Esta “defensa” es una “apología”. De hecho, la palabra griega que se traduce “defensa” es apología. La “defensa” del que se arrepiente es una “respuesta” que le da a otro en explicación por algo malo que le ha hecho. Lleva el sentido de una disculpa, de pedirle al ofendido que le perdone por lo que le hizo. Su “respuesta” (defensa), entonces, no es una excusa por lo que hizo sino una confesión de culpabilidad y una petición para perdón. 

El arrepentimiento genuino produce un deseo en el corazón de uno de estar a cuentas con los que él ha ofendido. Lo lleva a las personas a las cuales ha hecho daño para hablar con ellas y presentar su “defensa”, su “apología”, explicándoles que actuaba mal pero que ya se arrepintió. Con esta explicación, no está procurando “excusarse” sino que está buscando el perdón y la reconciliación. Mat 5.23-24. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tú hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, preséntale tu “defensa”, tu “apología”, pidiéndole que te perdone, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 

Indignación: Esto se refiere al enojo, la ira y el enfado vehemente que el arrepentido siente hacia lo que ha hecho o sea sus pecados y sus infracciones de la Ley de Dios. Una manifestación del fruto del arrepentimiento es el “enojo piadoso” contra el pecado, una “ira santa” contra lo que ha hecho. 

Temor: Sin el temor de Dios, los hombres no se apartan del mal o sea, no se arrepienten. Éxo. 20.20. Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis. Prov. 16.6. Con misericordia y verdad se corrige el pecado, y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal. Prov. 14.27. El temor de Jehová es manantial de vida para apartarse de los lazos de la muerte. Si alguien no teme a Dios, no se arrepentirá. Entonces, la ausencia de un santo temor, un temor “saludable” de Dios y de las consecuencias del pecado por haber violado la Ley de Dios, es una indicación de que no se arrepintió. 

Si un “creyente” puede seguir practicando el pecado sin temer a Dios ni las consecuencias de sus acciones, no tiene la salvación porque no se ha arrepentido. El que entiende el carácter de Dios, que Él es Santo, Bueno y Justo. La Ley de Dios, sus infracciones de dicha Ley y las consecuencias que tales acciones traen, temerá y se arrepentirá, y se apartará de las acciones que están trayendo las consecuencias, la muerte, la condenación, la ira de Dios y el infierno.

Es por esto que Jeremías dice que el temor de Jehová nos mantiene cerca de Él. El temor de Dios resulta en el arrepentimiento, el apartarse del mal y el que se arrepiente es el que corre a Dios para recibir misericordia y el perdón de pecados. Jer. 32.40. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí. Por lo tanto, los que se arrepienten son los que sirven a Dios con temor y reverencia, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne. Heb. 12.28-29. Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor. Jud. 23 A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne. Si no hay temor de Dios, es muy posible que no hubo arrepentimiento, y sin el arrepentimiento no hay salvación.

Ardiente afecto: El arrepentimiento genuino produce un “afecto” un deseo que arde en el corazón del arrepentido. Es un deseo profundo que le quema en el corazón para mostrarse “limpio en el asunto” a mano. Nadie tiene que decirle al arrepentido lo que tiene que hacer para arreglar cuentas con las personas que él ofendía con su vida y sus pecados. El arrepentimiento produce en él un deseo ardiente de mostrarse limpio en estos asuntos.

Celo: Esto se refiere al cuidado, la diligencia o el esmero que alguien pone al hacer algo. Es el interés extremo y activo que el arrepentido siente por la causa de agradar en todo a su Señor. II Tim 2.4. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. El que se arrepintió tiene “celo” por Dios y las cosas de Dios. Es el que se entrega a la voluntad de su Señor. Por el arrepentimiento se apartó de los caminos de la maldad y ahora “celosamente” se acerca a su Señor para procurar cada día agradarle en todo. 

Vindicación: La vindicación es la acción y el efecto de vindicarse, de vengarse. Es recuperar lo que le pertenece. II Cor. 10.6. Y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta. El deseo de “vengarse” del viejo hombre y sus hechos es un fruto del arrepentimiento genuino. Por ejemplo, si alguien antes era un ladrón, es una violación del octavo mandamiento: “No hurtarás”, después de arrepentirse va a querer devolver lo que robó, pedir perdón y hacer restitución por lo que hizo. 

Vemos esta actitud de vindicación en Zaqueo cuando se arrepintió. Luc 19.8-9. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa... Debido al arrepentimiento uno quiere recuperar lo que el viejo hombre le ha quitado: la integridad, el buen nombre, la disciplina, una buena reputación y sobre todo una relación correcta con su Creador. Sobre todo, el que se arrepiente procura mostrarse limpio de lo que hacía antes. O sea, por haberse arrepentido, toma decisiones para cambiar su comportamiento y arreglar cuentas con los que antes ofendió. Esto demuestra que realmente se arrepintió y se convirtió al Señor.

Este arrepentimiento para salvación se manifiesta en maneras prácticas porque es un cambio radical de 180 grados de comportamiento. Por lo tanto, si no hay fruto digno de arrepentimiento, indicaciones externas y visibles de que uno confesó sus pecados y se apartó de ellos, es muy posible que no se arrepintió. O sea, si el estilo de vida de alguien es igual después de su “conversión” a cómo era antes, puede ser que no se convirtió. CUIDADO SU CONVERSIÓN PUEDE SER FALSA.